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viernes, 22 de febrero de 2013

#23F Que gran noche la de aquel año.#MareasCiudadanas



Voy a explicar por qué la noche del 23-F de 1981 fue una de las más felices de mi vida. Iba en el metro y cuando salí a la calle en la estación de Lavapiés la gente gritaba: “han entrado en el Congreso, estos hijos de puta ya la quieren liar”. Un viejo decía: “no me jodas que tenemos que sacar las armas otra vez, coño, con lo a gusto que estaba yo con mi pensión y mis viajecitos a Benidorm”. Yo volvía de ensayar con el combo flamenco y no nos habíamos enterado de nada, sólo guitarras, palmas, cante y humo, mucho humo. Esa tarde había estado entonando cositas de  las Grecas por martinete. “Pa matarte”, decía El Tío Paco
Me entretuve según mi costumbre en la taberna Alfaro a tomarme una cañita antes de subir a casa. El tío Ángel estaba sólo: “¿no te lo dije Curro? Estos cabrones nos la quieren jugar otra vez, hace un rato no cabíamos y cuando se han enterado de lo del golpe todos para sus casas, algunos dicen que se van najando a Francia. Creo que soy el único que tengo abierto el negocio en toda la calle”. “Lo mismo pasó en el 36”, le dije, “era un secreto a voces lo del alzamiento y nadie hizo nada,  enciende la radio a ver si nos enteramos de algo que esta noche promete ser larga”. Ángel entrecerró las puertas de la bodega y puso Radio Nacional. Sólo se oía música militar. Al rato llegó maldiciendo Luis de la Esperanza: “picoleto tenía que ser, un tal Tejero”. Nuestro Tío Paco era el que más cabreado estaba. Después del ensayo tenía intención de visitar a su primo “El Goyo” en Vallekas. Cuando supo lo del golpe se dio la media vuelta hacia la taberna. Entró cagándose en todo: “¡Ha sido el cabrón de mi capitán Merlo! Cuando cumplíamos en la de Brunete nos decía “os estamos formando para algo muy importante, la patria os lo agradecerá”, menos mal que me libré pronto si no me veo entre los que están ahora en Prado del Rey”. Algo más tarde apareció Antonio Valentín, le habían jodido la vuelta a su casa en tren, decía que prefería pasar la noche con nosotros a arriesgarse a quedarse parado en medio de las vías. “No te preocupes primo, tú tienes asilo político en mi cuarto de los cabales”, le dijo Curro.
La noche iba avanzando mientras por la radio no se oía otra cosa que marchas militares. En la calle no se escuchaba ni a los barrenderos, reinaba un denso silencio hasta que se oyeron las primeras consignas fascistas, “arriba España”, “os vais a enterar rojos”. No había que darles mucha importancia, sabíamos quienes eran y si la cosa se ponía fea tendríamos que andarnos con cuidado. El Tío Paco conservaba la costumbre de su época en la clandestinidad de guardar un pasaporte falso por si tenía que salir pitando del país algún día. Y es que aquella época había terminado anteayer como aquel que dice. No hacía tanto que en 1975 la Plaza de Oriente se abarrotó para aclamar al dictador después de haber firmado las últimas sentencias de muerte sin que le temblara el pulso.
“Apaga ya la radio y toca algo tú, Tío Paco”, dijo Curro. Ángel se levanto en dirección al aparato y en ese momento sonaron una guitarra flamenca y un temple por soleá. “¡Joder!, ¡si es Camarón!” ¿Qué había pasado? La música castrense había terminado y todos miramos atónitos a la radio. La voz de Camarón acompañada por el de Lucía salía por el mismísimo altavoz que llevaba horas dedicado a marchas marciales. Todos nos acercamos ansiosos a la radio. La noche cambió de rumbo. Grabaciones inéditas de Camarón en directo. Ángel con la emoción comenzó a llenar vasos y nosotros a beberlos entre cante y cante. “Ole y ole, que pedazo de artista” decía Curro emulando a Pepe el del Candela.
De repente sonaron unos golpes sobre la chapa del cierre, nos acojonamos. Era “La Cañaílla de Lavapiés” que andaba preocupada por Curro. “Joder, prima, que susto nos has dado, anda siéntate con nosotros” le dijo El Tío Paco saliendo al quite para que no se enfadara. “Como sabía donde encontraros, y yo que empezaba a preocuparme, sois unos cabrones, y tú el primero Curro, te perdono por la alegría de escuchar a este monstruo” dijo la Cañaílla.
Fueron unas horitas ininterrumpidas de arte y majestad de los dos príncipes del flamenco. “Pero qué coño pasa, no habían dado un golpe”, alucinaba Angelito y todos los presentes. Tío Paco recordaba cuando iba a los billares de la Gran Vía y se encontraba a José con su guitarrista echando su partidita después de la actuación en Torres Bermejas. Antonio lloraba de la emoción y Luis, el más jovencito, decía: “joder, yo acababa de nacer cuando estos monstruos cantaban esto”. En medio de unos tangos “pero que tiene la María la abadesa, la portuguesa, tirititi.” la radio habló: “Buenas noches, a continuación les habla su majestad el rey don Juan Carlos de Borbón”. “Otra vez la monarquía jodiéndolo todo”, gritó Curro. Empezó a salir gente a la calle: “hay que liberar el Congreso”. El viejo de los viajes a Benidorm daba gritos a la república. No salíamos de nuestro asombro, acabábamos de vivir una noche golpista escuchando a nuestros ídolos.
Lo demás ya es historia. Tiempo después Tío Paco se encontró con uno de sus antiguos compañeros de mili que le fue contando. Entraron en Radio Nacional para interrumpir las emisiones y que sólo sonara música militar. Cuando una bobina se terminó el técnico de sonido de tan nervioso que estaba se equivocó y puso lo primero que encontró, los conciertos de Camarón de la Isla con Paco de Lucía 69-75. El capitán Merlo al escucharlo dijo: “déjalo que suene, sé de algún hijo de madre que si lo escucha llora como un niño”. “Con la de putadas que te hizo cuando estábamos cumpliendo el muy cabronazo se acordó de ti, Tío Paco, el Capitán también tiene su corazoncito”. 
El 23F miles de personas saldremos a la calle a reclamar un cambio de sistema. No debemos consentir que nos gobiernen delicuentes y que se cuestione que sin ellos no podemos vivir como dice "Cosperral".
Ni con políticos corruptos ni con policias ni militares que no defiendan al pueblo
No desesperemos pues seguro que el miedo cambiará de bando